Ayer, mientras paseaba por Bravo Murillo, calle madrileña, después de un día agitado, fue cuando vi por primera vez al hombre del banco. Él era una anciano, llevaba la ropa que todos rápidamente asociamos a esos ancianos que se sientan a la puerta de sus casas, en los bares, en las mesas de los pueblos. Su cabeza se veía coronada con una boina, y su boca mascaba algo, como rumiándolo, aunque en los diez segundos que pasé caminando por delante no pude determinar si era un gesto suyo o de verdad estaba mascando algo. La cara de este hombre era muy anciana, arrugada, y sus ojos escrutaban la calle con desconfianza, e ignoro en lo que pensaría, pero a traves de sus recelosos ojos se podría determinar un fuero interno en que aprobaba o reprobaba a los viandantes. Y estaba sentado en el borde de una oficina bancaria, en un borde que sobresalía de una ventana, donde el viejo puente de Cuatro Caminos.
Tras cruzar y pasar Cuatro Caminos, abajo de Bravo Murillo, vi a esa mujer. Era una mujer mayor, sentada en la terraza de un bar. Su vista se dirigía a la calle, con infinita tristeza. Estaba sola en aquella terraza, rodeada de mesas vacías, y en su mesa tan solo había un plato sobre el cual había un vaso con posos de café con leche, una servilleta y una cuchara. Me fijé en esos detalles, pero me impresiono como miraba, como nos miraba a los que pasábamos, con la mirada perdida sin fijarse en nadie. Les digo que estuve a punto de sentarme con ella, pero ignorando lo que pasaba por su cabeza y que se manifestaba en su rostro, no quise entorpecer ni interrumpir sus cavilaciones.
No se si volveré a verlos, sin embargo, hoy volveré a pasear por esa zona. No se cuando reuniré valor para sentarme al lado del hombre del banco, en el bordillo de esa ventana, ni si volveré a ver a la mujer de la mesa, ya que no recuerdo su rostro, solamente su tristeza, pero se que, aunque ellos no me vieran, no pasará semana en que yo no me acuerde de ellos.
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1 comentario:
Muy evocador. Dos ejemplos más de vidas anónimas de esas que invitan a imaginar mil historias sobre ellas. Mucha suerte en este proyecto, espero que seas más constante que yo!
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